martes, 25 de septiembre de 2007

Identidad lengua y globalización

Juan Duchesne Winter

Tres palabras nos reúnen aquí hoy: identidad, lengua y globalización. Armaré algunos pensamientos sobre estos tres procesos, comenzando por el que alude al contexto indispensable para ubicar los otros dos en el momento que vivimos: la globalización.
§ ¿Globalización?
Es cierto que la palabra "globalización" funciona como un botón trililí que muchos aprietan para encender lucecitas y provocar efectos sin precisar a qué se refieren. Pero ese abuso del término no implica que no signifique nada ni que se deba ignorar. La globalización es un fenómeno de escala planetaria que comienza a mostrar su perfil actual alrededor de la década del 70. La globalización se relaciona con la génesis del sistema-mundo ("world system") del capitalismo, sistema que según Immanuel Wallerstein arranca junto al propio modo capitalista de producción en Europa más o menos hacia la época del Renacimiento entre los siglos 14 y 16. Ahora bien, la globalización se monta sobre estos viejos procesos de mundialización del capitalismo, pero no se la debe confundir con una mera secuela o "part two" de lo ya conocido. La globalización muestra rasgos inéditos, en lo económico, lo político y lo cultural.

§ Globalización económica y política
En lo económico suceden cosas nunca vistas. Si bien las empresas capitalistas siempre han tendido a establecer lazos más allá de fronteras nacionales y locales, mediante la circulación internacional de las mercancías y los capitales, lo que sucede ahora con la globalización va más allá de un incremento en la cantidad de estas redes mundiales y del volumen de intercambio. Con la globalización cada vez más empresas dispersan por múltiples zonas geográficas, según conveniencias fiscales, logísticas, laborales, jurídicas o de otro tipo, no sólo sus filiales, sino las distintas fases de sus actividades de investigación, planificación, diseño, gerencia, promoción, procesamiento y distribución de los productos. Todo esto se monta sobre la revolución telemática y digital en las tecnologías de comunicación, información y control y el consiguiente colapso de las barreras de tiempo y espacio en el planeta.
Consecuencia importante de todo lo anterior es que las economías nacionales pierden su significado acostumbrado al verse desplazadas por estas operaciones transnacionales que borran toda frontera geográfica. Aquel lema publicitario de "este producto es 100% del país" se convierte en una broma sin referencia real: cada vez menos productos se generan íntegramente en un país determinado. Cada vez más productos son el resultado final de una conjunción de operaciones de ensamblaje parcial, planes de diseño, estrategias de publicidad y reclutamiento laboral generadas en las más diversas partes del globo. Pronto consignas como la "sustitución de importaciones" o "consumir lo que el país produce" no tendrán sentido. La revista Time comentaba hace poco que el conductor que cree haber comprado un carro americano en muchos casos lo único americano que toca en su vehículo es el guía o volante, pues lo más seguro es que todas las demás piezas provengan de distintas partes del mundo. Lo mismo sucede con el que cree haber comprado un auto extranjero, basta con saber que hace dos meses la Volvo de Suecia fue adquirida por la Ford Motor Company y que de ahora en adelante todo Volvo es en parte un Ford. Estos productos no son ni extranjeros ni nacionales, son globales. Aquí mismo en Puerto Rico resulta cada vez más ridículo identificar una marca tal o cual con la economía nacional. Por ejemplo, la cerveza Medalla, símbolo de la puertorriqueñidad para muchos, es producida según las especificaciones de cualquier otra cerveza norteamericana por una empresa transnacional con cede en Delaware cuyas operaciones, que incluyen la marca Bacardí y muchas otras, se extienden por varios países.
Entre 1973 y 1993 la cantidad de empresas transnacionales de este tipo aumentó de 7,000 a 37,000 y desde entonces se han triplicado de nuevo. Esta economía global ejerce un emorme poder, aparte de su puro ímpetu económico, a través de organizaciones supraestatales como el NAFTA o TLC, la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras, que invalidan no sólo el concepto mismo de economía nacional y sino el concepto tradicional de soberanía del estado nacional. Es decir, la globalización de la economía va pareja con la globalización de la política.
La globalización es un fenómeno avasallador; abre posibilidades nunca vistas y ofrece peligros muy temibles. Son positivas las multiplicidades (las lógicas de lo diferente) a las que se abre la gloabalización y son negativas las uniformidades (las lógicas de lo único) que ésta impone.
Con la globalización de la política pierden su antigua validez nociones tales como la soberanía nacional y la ciudadanía nacional. La soberanía real corresponde a cuerpos transnacionales. Los ciudadanos pierden su tiempo si invierten esfuerzos en delegar sus derechos a sus estados nacionales, pues estos estados nacionales representan a sus ciudadanos cada vez menos, al estar ellos mismos a merced de las estructuras globales. Los estados nacionales obtienen una nueva función en la globalización: sirven como estructuras que facilitan los procesos más negativos de la globalización. Los estados nacionales ayudan a implementar, a veces sin proponérselo, las estrategias de control y poder desmedido de las corporaciones transnacionales, al reprimir, dividir y disciplinar a sus poblaciones y regular los movimientos migratorios. Hace poco un politólogo conocido decía en la radio que en el mundo se debaten dos fuerzas contrarias: la globalización y los nacionalismos. Nada más equivocado y falso: el nacionalismo y la globalización en sus aspectos negativos no son fuerzas contrarias sino más bien complementarias; para decirlo bien claro, el nacionalimo contribuye a fortalecer la lógica monológica de la globalización aunque según viejos esquemas esto parezca contradictorio. Los poderes corporativos e imperiales que representan a las élites dominantes necesitan controlar y monopolizar los procesos de globalización y para ello requieren dividir a las poblaciones subordinadas bajo su lógica única y excluyente. Los separatismos nacionalistas ayudan a mantener esas divisiones al segregar a los sectores populares. La lógica del poder dominante es separar y regimentar las razas, las clases, los géneros y las culturas para mejor someterlos a su orden. El discurso nacionalista actual aparenta oponerse al llamado neoliberalismo cuando en realidad fomenta sus rasgos más negativos. Tómese el caso del nacionalismo revolucionario cubano. La población es sometida a un régimen represivo mientras se privatiza el sistema telefónico cubano y se venden otros recursos a empresas transnacionales y por otra parte se coloca la fuerza laboral reprimida a la disposición de empresas transnacionales hoteleras de las cuales el gobierno retiene el salario correspondiente a los trabajadores para entregarles a éstos sólo una parte ínfima del mismo. A los propios ciudadanos cubanos no se les permite, por obvias razones raciales, entrar a los resorts turísticos donde se solean turistas blancos europeos. Ahora mismo la población de Cuba, a pesar de toda la retórica nacionalista revolucionaria de sus dirigentes, está más sometida a las fuerzas más negativas de la globalización que países caribeños como Puerto Rico o Martinica, que no son estados nacionales. Jóvenes intelectuales cubanos, como Rafael Rojas han analizado el fracaso del nacionalismo duro, monológico de los próceres cubanos y postulan, como alternativa democrática, un patriotismo "suave" ejemplificado por artistas, poetas y pensadores más libertarios que aquellos que impusieron un nacionalismo estilo "patria o muerte" en el que se perdió lo mejor de muchas vidas y sólo se consiguió trepar a dictadores.
Dadas las caraterísticas de la globalización los derechos humanos en el mundo actual cobran una urgencia y primacía especial bajo el nuevo principio de la libre determinación de los ciudadanos, el cual debe ahora prevalecer sobre el antiguo principio de la autodeterminación y soberanía de las naciones. El caso de Pinochet es un ejemplo perfecto. El derecho a la justicia de los sobrevivientes de la víctimas de Pinochet debe prevalecer sobre la soberanía de un estado chileno que no protege esos derechos y defiende al criminal ex-dictador contra la acción de los tribunales europeos. Otro caso es el de Yugoslavia, donde el derecho a la vida de los ciudadanos kosovares debe prevalecer sobre la soberanía de un estado que está a cargo de una claque de gatilleros fascistas que se enriquecen arrebatando las propiedades de las familias kosovares a las cuales expulsan y asesinan.

§ Cultura e identidad en la globalización
Las fuerzas de la multiplicidad de la globalización dinamizan las culturas locales que proliferan a través de fronteras y barreras de todo tipo gracias al acrecentamiento de las migraciones y de los medios de comunicación. Este movimiento de mestizaje y recombinación cultural traza nuevas zonas geográficas, algunas más virtuales que territoriales. Gracias a la globalización las subculturas juveniles y no tan juveniles del reggae, el rock y la salsa, junto a sus estilos y sensibilidades característicos trazan mapas que incluyen a Kingston, San Juan, Hartford, París, Barcelona, Johanesburg en Africa y Tokio. Lo mismo sucede con las subculturas ecologistas, de sexualidades alternas y otras. Estas importantes experiencias se transforman y sincretizan de manera abigarrada y creativa en su interacción con las culturas locales.
Por otra parte las fuerzas de la uniformidad centralizan poderosos medios de comunicación controlados por unas pocas transnacionales de telecomunicaciones. El canal de televisión CNN, por ejemplo, alega ser un canal global y gracias a su audiencia planetaria lo es, pero permanece como un foco de uniformidad provinciana que proyecta sobre todo el planeta la visión estrecha de una élite anglosajona dominante. Lo mismo sucede con el cine de Hollywood y otras industrias culturales de esa categoría. Faltaría globalizar de verdad el producto monocultural de la industria mundial de telecomunicaciones, introduciendo en ésta la hibridez contagiosa de nuestros tiempos. Para esto hay que desconstruir las prácticas separatistas y monológicas de la cultura, en las cuales coinciden tanto las élites transnacionales como los movimientos nacionalistas de carácter retardatario que reaccionan mecánicamente contra los cambios postmodernos. Como sugiere el excepcional artista de performance Guillermo Gómez Peña, autor de The New World Border, tan separatista y reaccionaria es una industria de telecomunicaciones que insiste en imponer un modelo monocultural sobre audiencias pretendidamente pasivas a través del mundo como lo es un gobierno nacionalista que reprime a los migrantes y las manifestaciones de diferencia e hibridez cultural y lingüística en un territorio determinado. De hecho, si seguimos la idea del artista chicano Gómez Peña, podemos decir que la industria norteamericana de telecomunicaciones practica una especie de separatismo y nacionalismo global. La vida y la paz prosperan en el cultivo civilizado de la hibridez y el mestizaje desde las grandes ciudades de Estados Unidos y Europa hasta las zonas más remotas de la periferia. Los mitos de la pureza racial, cultural y lingüística sólo conducen a la exclusión, la guerra y el genocidio, como podemos observar hoy en Yugoslavia.
La postmodernidad se abre a la multiplicación de las identidades, el individuo se articula día a día en respuesta a una diversidad de identidades que lo interpelan:
1) identidades de género y sexo (masculino o femenino o distintas mezclas creativas de uno u otro).
(De hecho, como se puede observar en la moda juvenil, nos dirigimos hacia una sociedad andrógina donde los hombres imitan cada vez más a las mujeres y las mujeres imitan a los hombres. No lo digo con intención crítica sino en reconocimiento del porvenir.)
2) identidades étnicas y raciales
3) identidades generacionales y de roles familiares
4) identidades adscritas a estilos de vida y actividades de ocio y creatividad
5) identidades relacionadas con preferencias profesionales
6) identidades espirituales o religiosas
7) identidades nacionales

Hasta hace pocas décadas esas identidades se le imponían al individuo por medio de una cultura tradicionalista y autoritaria. De ahora en adelante el individuo debera ejercer cada vez mayor libertad para escoger las identidades que le interesen y combinarlas o rechazar aquellas que no le interesen. En esa pluralidad abierta y sin restricciones se debe articular libremente la identidad nacional del individuo, como una identidad más entre otras, si es que el tema le interesa, sin imposiciones de la ideología o del estado. Nadie debe arrogarse el derecho a excluir, regañar y amenazar a otros por el mero hecho de que no les interese obedecer a lo que un poder dicta que es la identidad correcta.

§ La lengua y la globalización
El inglés es la primera lengua que ha alcanzado una dimensión global en la historia de la humanidad. Hay otras lenguas internacionales como el español, el francés y el portugués, que con la diáspora colonizadora se establecieron por extensas regiones del mundo, pero el inglés es la primera lengua de la historia que cobra un uso generalizado a escala planetaria acompañando no sólo el movimiento colonizador de siglos pasados sino gran parte de los procesos modernos de expansión económica, tecnocientífica y cultural. No sólo las telecomunicaciones y la industria cultural (vídeo, cd, software, cine, libros) se inundan de productos que de una manera u otra instalan el inglés en el imaginario de culturas diversas, sino que las universidades y las actividades económicas preparan año tras año profesionales, artistas y técnicos del mundo entero que emplean el inglés como lengua franca en sus actividades diarias y a su vez lo introducen en sus ámbitos locales.

La lengua de Shakespeare ha dejado de ser una lengua nacional. Por un tiempo el inglés fue lengua "nacional" de Inglaterra, luego fue lengua oficial de facto de Irlanda, Escocia y Estados Unidos, pero desde este siglo ha ido convirtiéndose en lengua oficial, ya sea de facto o de jure, sola o en forma compartida con otras, de unos 113 países de Europa, Asia, Africa, América y el Océano Pacífico. En muchos de estos lugares se desarrollan variantes dialectales que difieren mucho del llamado Standard English. (Según Tom McArthur, ya hay 8 idiomas distintos derivados del inglés, a saber: scots, krio, tok pisin, kam tok, sranan, saramaccan, creolés y patwa.) Ya el inglés no es el idioma representativo de la élite blanca anglosajona, sino de muchas razas y culturas mestizas. Cada grupo hablante reclama el derecho de hacer suyo el inglés y a establecer normas locales propias. Como dice el lingüista belga Diego Marani, el inglés está implosionando, sometido a las multiplicidades de la globalización. Lo interesante de todo esto es que la proliferación del inglés, paradójicamente, contribuye a la multiplicidad y la diferencia, pues desbanca el concepto de una lengua uniforme y única a la cual deba adscribirse una sola identidad nacional o racial. Esta implosión del inglés en una diversidad de dialectos e idiomas distintos y mestizos anuncia,
1) la imposibilidad de la monolengua y
2) la apertura a los bilingïsmos o la bilengua:

1) La imposibilidad del inglés global unitario implica, entre otras cosas, que el monolingüismo compulsorio, en cualquier lengua, es un anacronismo en nuestra era postmoderna. El movimiento English Only de Estados Unidos es una aberración fascista. La opción democrática de la era global es el bilingüismo o multilingüismo generalizado. De igual forma, los hablantes de español en paises hispanoparlantes como Puerto Rico, debemos evitar las trampas del monolingüismo, ya que éste nos conduciría a una calle sin salida al aliarse a las fuerzas conservadoras y uniformizantes enemigas de la diversidad lingüística y del español. Para afirmar la presencia del español en todo espacio público y privado importante, en cualquier lugar en que haya hablantes del español, hay que partir de principios democráticos y bilingües.

2) No hay que temerle al bilingüismo. Afirma el filósofo Jacques Derrida que toda lengua es en el fondo bilingüe, es decir, una bilengua, pues contiene los gérmenes de otras lenguas posibles. En el sentido concreto y empíricamente verificable, ninguna lengua existe en el estado unitario que proyectan las instituciones educativas, lo que existe son anárquicas prácticas del habla en constante cambio y contacto con otras lenguas. Gran parte de las lenguas modernas han surgido y se han desarrollado en ambientes intensamente bilingües. Los ambientes bilingües no atentan por sí mismos contra la existencia de las lenguas implicadas. El enemigo de la riqueza lingüística es el monolingüismo, especialmente si se impone como política estatal. Por ejemplo, de la misma forma en que el español o el inglés surgieron cada uno en ambientes de intensa mezcla multilingüe en el Londres o la Castilla de la Edad Media, es posible que de las mezclas actuales como el spanglish o espanglés surja alguna lengua que alcance en el próximo milenio tanta aceptación como los anteriores.

Por otra parte toda lengua se transforma en otra lengua, despacio pero seguro. Ninguna lengua es eterna o pura ni lo será nunca. El contacto multilingüe, la hibridez y el mestizaje son los generadores principales del cambio lingüístico en nuestra era global. Según muchos lingüistas las variedades del español más vivas y dinámicas del español son los dialectos caribeños de Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, precisamente por su apertura al mestizaje y a la creatividad popular. Todos hablamos algún dialecto, nadie habla la inexistente lengua en sí. Además ningún dialecto, ni siquiera el dialecto "culto" es intrínsecamente superior a otro. Hace siglos los que hablamos español en Puerto Rico y otros países de América no tenemos por qué seguir el modelo de España. Las llamadas "cunas" de las lenguas colonizadoras ya son irrelevantes. Las formas ingobernables del habla popular son más inventivas que la estreñida jerga de muchos académicos hispanófilos.

La globalización vivida como multiplicidad, no como uniformidad, nos brinda una apertura a la apropiación lingüística libertaria, sin imposiciones del estado ni de las academias de la lengua, las cuales no pasan de ser reliquias aristocráticas del pasado feudal europeo. Los pueblos caribeños mestizos nos alimentamos de la hibridez en todos sus sentidos, ella nunca nos ha hecho daño. Si queremos la diferencia en la cual estamos seguros de que proliferará el español mientras queramos hablarlo, debemos asumir nuestro deseo de diferencia como la fuerza democrática misma que neutralizará todo intento de imposición lingüística. No necesitamos internarnos en una reservación monolingüe para afirmar el español. El español no requiere reductos o ghettos monolingües para prosperar; más bien precisa políticas democráticas de la lengua en un mundo multilingüe en plena hibridización. Así nuestra lengua continuará su curso libre de transformación y nosotros nos transformaremos con ella de modo abierto y creativo en esta sociedad global.
Identidad lengua y globalización

Juan Duchesne Winter

Tres palabras nos reúnen aquí hoy: identidad, lengua y globalización. Armaré algunos pensamientos sobre estos tres procesos, comenzando por el que alude al contexto indispensable para ubicar los otros dos en el momento que vivimos: la globalización.
§ ¿Globalización?
Es cierto que la palabra "globalización" funciona como un botón trililí que muchos aprietan para encender lucecitas y provocar efectos sin precisar a qué se refieren. Pero ese abuso del término no implica que no signifique nada ni que se deba ignorar. La globalización es un fenómeno de escala planetaria que comienza a mostrar su perfil actual alrededor de la década del 70. La globalización se relaciona con la génesis del sistema-mundo ("world system") del capitalismo, sistema que según Immanuel Wallerstein arranca junto al propio modo capitalista de producción en Europa más o menos hacia la época del Renacimiento entre los siglos 14 y 16. Ahora bien, la globalización se monta sobre estos viejos procesos de mundialización del capitalismo, pero no se la debe confundir con una mera secuela o "part two" de lo ya conocido. La globalización muestra rasgos inéditos, en lo económico, lo político y lo cultural.

§ Globalización económica y política
En lo económico suceden cosas nunca vistas. Si bien las empresas capitalistas siempre han tendido a establecer lazos más allá de fronteras nacionales y locales, mediante la circulación internacional de las mercancías y los capitales, lo que sucede ahora con la globalización va más allá de un incremento en la cantidad de estas redes mundiales y del volumen de intercambio. Con la globalización cada vez más empresas dispersan por múltiples zonas geográficas, según conveniencias fiscales, logísticas, laborales, jurídicas o de otro tipo, no sólo sus filiales, sino las distintas fases de sus actividades de investigación, planificación, diseño, gerencia, promoción, procesamiento y distribución de los productos. Todo esto se monta sobre la revolución telemática y digital en las tecnologías de comunicación, información y control y el consiguiente colapso de las barreras de tiempo y espacio en el planeta.
Consecuencia importante de todo lo anterior es que las economías nacionales pierden su significado acostumbrado al verse desplazadas por estas operaciones transnacionales que borran toda frontera geográfica. Aquel lema publicitario de "este producto es 100% del país" se convierte en una broma sin referencia real: cada vez menos productos se generan íntegramente en un país determinado. Cada vez más productos son el resultado final de una conjunción de operaciones de ensamblaje parcial, planes de diseño, estrategias de publicidad y reclutamiento laboral generadas en las más diversas partes del globo. Pronto consignas como la "sustitución de importaciones" o "consumir lo que el país produce" no tendrán sentido. La revista Time comentaba hace poco que el conductor que cree haber comprado un carro americano en muchos casos lo único americano que toca en su vehículo es el guía o volante, pues lo más seguro es que todas las demás piezas provengan de distintas partes del mundo. Lo mismo sucede con el que cree haber comprado un auto extranjero, basta con saber que hace dos meses la Volvo de Suecia fue adquirida por la Ford Motor Company y que de ahora en adelante todo Volvo es en parte un Ford. Estos productos no son ni extranjeros ni nacionales, son globales. Aquí mismo en Puerto Rico resulta cada vez más ridículo identificar una marca tal o cual con la economía nacional. Por ejemplo, la cerveza Medalla, símbolo de la puertorriqueñidad para muchos, es producida según las especificaciones de cualquier otra cerveza norteamericana por una empresa transnacional con cede en Delaware cuyas operaciones, que incluyen la marca Bacardí y muchas otras, se extienden por varios países.
Entre 1973 y 1993 la cantidad de empresas transnacionales de este tipo aumentó de 7,000 a 37,000 y desde entonces se han triplicado de nuevo. Esta economía global ejerce un emorme poder, aparte de su puro ímpetu económico, a través de organizaciones supraestatales como el NAFTA o TLC, la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras, que invalidan no sólo el concepto mismo de economía nacional y sino el concepto tradicional de soberanía del estado nacional. Es decir, la globalización de la economía va pareja con la globalización de la política.
La globalización es un fenómeno avasallador; abre posibilidades nunca vistas y ofrece peligros muy temibles. Son positivas las multiplicidades (las lógicas de lo diferente) a las que se abre la gloabalización y son negativas las uniformidades (las lógicas de lo único) que ésta impone.
Con la globalización de la política pierden su antigua validez nociones tales como la soberanía nacional y la ciudadanía nacional. La soberanía real corresponde a cuerpos transnacionales. Los ciudadanos pierden su tiempo si invierten esfuerzos en delegar sus derechos a sus estados nacionales, pues estos estados nacionales representan a sus ciudadanos cada vez menos, al estar ellos mismos a merced de las estructuras globales. Los estados nacionales obtienen una nueva función en la globalización: sirven como estructuras que facilitan los procesos más negativos de la globalización. Los estados nacionales ayudan a implementar, a veces sin proponérselo, las estrategias de control y poder desmedido de las corporaciones transnacionales, al reprimir, dividir y disciplinar a sus poblaciones y regular los movimientos migratorios. Hace poco un politólogo conocido decía en la radio que en el mundo se debaten dos fuerzas contrarias: la globalización y los nacionalismos. Nada más equivocado y falso: el nacionalismo y la globalización en sus aspectos negativos no son fuerzas contrarias sino más bien complementarias; para decirlo bien claro, el nacionalimo contribuye a fortalecer la lógica monológica de la globalización aunque según viejos esquemas esto parezca contradictorio. Los poderes corporativos e imperiales que representan a las élites dominantes necesitan controlar y monopolizar los procesos de globalización y para ello requieren dividir a las poblaciones subordinadas bajo su lógica única y excluyente. Los separatismos nacionalistas ayudan a mantener esas divisiones al segregar a los sectores populares. La lógica del poder dominante es separar y regimentar las razas, las clases, los géneros y las culturas para mejor someterlos a su orden. El discurso nacionalista actual aparenta oponerse al llamado neoliberalismo cuando en realidad fomenta sus rasgos más negativos. Tómese el caso del nacionalismo revolucionario cubano. La población es sometida a un régimen represivo mientras se privatiza el sistema telefónico cubano y se venden otros recursos a empresas transnacionales y por otra parte se coloca la fuerza laboral reprimida a la disposición de empresas transnacionales hoteleras de las cuales el gobierno retiene el salario correspondiente a los trabajadores para entregarles a éstos sólo una parte ínfima del mismo. A los propios ciudadanos cubanos no se les permite, por obvias razones raciales, entrar a los resorts turísticos donde se solean turistas blancos europeos. Ahora mismo la población de Cuba, a pesar de toda la retórica nacionalista revolucionaria de sus dirigentes, está más sometida a las fuerzas más negativas de la globalización que países caribeños como Puerto Rico o Martinica, que no son estados nacionales. Jóvenes intelectuales cubanos, como Rafael Rojas han analizado el fracaso del nacionalismo duro, monológico de los próceres cubanos y postulan, como alternativa democrática, un patriotismo "suave" ejemplificado por artistas, poetas y pensadores más libertarios que aquellos que impusieron un nacionalismo estilo "patria o muerte" en el que se perdió lo mejor de muchas vidas y sólo se consiguió trepar a dictadores.
Dadas las caraterísticas de la globalización los derechos humanos en el mundo actual cobran una urgencia y primacía especial bajo el nuevo principio de la libre determinación de los ciudadanos, el cual debe ahora prevalecer sobre el antiguo principio de la autodeterminación y soberanía de las naciones. El caso de Pinochet es un ejemplo perfecto. El derecho a la justicia de los sobrevivientes de la víctimas de Pinochet debe prevalecer sobre la soberanía de un estado chileno que no protege esos derechos y defiende al criminal ex-dictador contra la acción de los tribunales europeos. Otro caso es el de Yugoslavia, donde el derecho a la vida de los ciudadanos kosovares debe prevalecer sobre la soberanía de un estado que está a cargo de una claque de gatilleros fascistas que se enriquecen arrebatando las propiedades de las familias kosovares a las cuales expulsan y asesinan.

§ Cultura e identidad en la globalización
Las fuerzas de la multiplicidad de la globalización dinamizan las culturas locales que proliferan a través de fronteras y barreras de todo tipo gracias al acrecentamiento de las migraciones y de los medios de comunicación. Este movimiento de mestizaje y recombinación cultural traza nuevas zonas geográficas, algunas más virtuales que territoriales. Gracias a la globalización las subculturas juveniles y no tan juveniles del reggae, el rock y la salsa, junto a sus estilos y sensibilidades característicos trazan mapas que incluyen a Kingston, San Juan, Hartford, París, Barcelona, Johanesburg en Africa y Tokio. Lo mismo sucede con las subculturas ecologistas, de sexualidades alternas y otras. Estas importantes experiencias se transforman y sincretizan de manera abigarrada y creativa en su interacción con las culturas locales.
Por otra parte las fuerzas de la uniformidad centralizan poderosos medios de comunicación controlados por unas pocas transnacionales de telecomunicaciones. El canal de televisión CNN, por ejemplo, alega ser un canal global y gracias a su audiencia planetaria lo es, pero permanece como un foco de uniformidad provinciana que proyecta sobre todo el planeta la visión estrecha de una élite anglosajona dominante. Lo mismo sucede con el cine de Hollywood y otras industrias culturales de esa categoría. Faltaría globalizar de verdad el producto monocultural de la industria mundial de telecomunicaciones, introduciendo en ésta la hibridez contagiosa de nuestros tiempos. Para esto hay que desconstruir las prácticas separatistas y monológicas de la cultura, en las cuales coinciden tanto las élites transnacionales como los movimientos nacionalistas de carácter retardatario que reaccionan mecánicamente contra los cambios postmodernos. Como sugiere el excepcional artista de performance Guillermo Gómez Peña, autor de The New World Border, tan separatista y reaccionaria es una industria de telecomunicaciones que insiste en imponer un modelo monocultural sobre audiencias pretendidamente pasivas a través del mundo como lo es un gobierno nacionalista que reprime a los migrantes y las manifestaciones de diferencia e hibridez cultural y lingüística en un territorio determinado. De hecho, si seguimos la idea del artista chicano Gómez Peña, podemos decir que la industria norteamericana de telecomunicaciones practica una especie de separatismo y nacionalismo global. La vida y la paz prosperan en el cultivo civilizado de la hibridez y el mestizaje desde las grandes ciudades de Estados Unidos y Europa hasta las zonas más remotas de la periferia. Los mitos de la pureza racial, cultural y lingüística sólo conducen a la exclusión, la guerra y el genocidio, como podemos observar hoy en Yugoslavia.
La postmodernidad se abre a la multiplicación de las identidades, el individuo se articula día a día en respuesta a una diversidad de identidades que lo interpelan:
1) identidades de género y sexo (masculino o femenino o distintas mezclas creativas de uno u otro).
(De hecho, como se puede observar en la moda juvenil, nos dirigimos hacia una sociedad andrógina donde los hombres imitan cada vez más a las mujeres y las mujeres imitan a los hombres. No lo digo con intención crítica sino en reconocimiento del porvenir.)
2) identidades étnicas y raciales
3) identidades generacionales y de roles familiares
4) identidades adscritas a estilos de vida y actividades de ocio y creatividad
5) identidades relacionadas con preferencias profesionales
6) identidades espirituales o religiosas
7) identidades nacionales

Hasta hace pocas décadas esas identidades se le imponían al individuo por medio de una cultura tradicionalista y autoritaria. De ahora en adelante el individuo debera ejercer cada vez mayor libertad para escoger las identidades que le interesen y combinarlas o rechazar aquellas que no le interesen. En esa pluralidad abierta y sin restricciones se debe articular libremente la identidad nacional del individuo, como una identidad más entre otras, si es que el tema le interesa, sin imposiciones de la ideología o del estado. Nadie debe arrogarse el derecho a excluir, regañar y amenazar a otros por el mero hecho de que no les interese obedecer a lo que un poder dicta que es la identidad correcta.

§ La lengua y la globalización
El inglés es la primera lengua que ha alcanzado una dimensión global en la historia de la humanidad. Hay otras lenguas internacionales como el español, el francés y el portugués, que con la diáspora colonizadora se establecieron por extensas regiones del mundo, pero el inglés es la primera lengua de la historia que cobra un uso generalizado a escala planetaria acompañando no sólo el movimiento colonizador de siglos pasados sino gran parte de los procesos modernos de expansión económica, tecnocientífica y cultural. No sólo las telecomunicaciones y la industria cultural (vídeo, cd, software, cine, libros) se inundan de productos que de una manera u otra instalan el inglés en el imaginario de culturas diversas, sino que las universidades y las actividades económicas preparan año tras año profesionales, artistas y técnicos del mundo entero que emplean el inglés como lengua franca en sus actividades diarias y a su vez lo introducen en sus ámbitos locales.

La lengua de Shakespeare ha dejado de ser una lengua nacional. Por un tiempo el inglés fue lengua "nacional" de Inglaterra, luego fue lengua oficial de facto de Irlanda, Escocia y Estados Unidos, pero desde este siglo ha ido convirtiéndose en lengua oficial, ya sea de facto o de jure, sola o en forma compartida con otras, de unos 113 países de Europa, Asia, Africa, América y el Océano Pacífico. En muchos de estos lugares se desarrollan variantes dialectales que difieren mucho del llamado Standard English. (Según Tom McArthur, ya hay 8 idiomas distintos derivados del inglés, a saber: scots, krio, tok pisin, kam tok, sranan, saramaccan, creolés y patwa.) Ya el inglés no es el idioma representativo de la élite blanca anglosajona, sino de muchas razas y culturas mestizas. Cada grupo hablante reclama el derecho de hacer suyo el inglés y a establecer normas locales propias. Como dice el lingüista belga Diego Marani, el inglés está implosionando, sometido a las multiplicidades de la globalización. Lo interesante de todo esto es que la proliferación del inglés, paradójicamente, contribuye a la multiplicidad y la diferencia, pues desbanca el concepto de una lengua uniforme y única a la cual deba adscribirse una sola identidad nacional o racial. Esta implosión del inglés en una diversidad de dialectos e idiomas distintos y mestizos anuncia,
1) la imposibilidad de la monolengua y
2) la apertura a los bilingïsmos o la bilengua:

1) La imposibilidad del inglés global unitario implica, entre otras cosas, que el monolingüismo compulsorio, en cualquier lengua, es un anacronismo en nuestra era postmoderna. El movimiento English Only de Estados Unidos es una aberración fascista. La opción democrática de la era global es el bilingüismo o multilingüismo generalizado. De igual forma, los hablantes de español en paises hispanoparlantes como Puerto Rico, debemos evitar las trampas del monolingüismo, ya que éste nos conduciría a una calle sin salida al aliarse a las fuerzas conservadoras y uniformizantes enemigas de la diversidad lingüística y del español. Para afirmar la presencia del español en todo espacio público y privado importante, en cualquier lugar en que haya hablantes del español, hay que partir de principios democráticos y bilingües.

2) No hay que temerle al bilingüismo. Afirma el filósofo Jacques Derrida que toda lengua es en el fondo bilingüe, es decir, una bilengua, pues contiene los gérmenes de otras lenguas posibles. En el sentido concreto y empíricamente verificable, ninguna lengua existe en el estado unitario que proyectan las instituciones educativas, lo que existe son anárquicas prácticas del habla en constante cambio y contacto con otras lenguas. Gran parte de las lenguas modernas han surgido y se han desarrollado en ambientes intensamente bilingües. Los ambientes bilingües no atentan por sí mismos contra la existencia de las lenguas implicadas. El enemigo de la riqueza lingüística es el monolingüismo, especialmente si se impone como política estatal. Por ejemplo, de la misma forma en que el español o el inglés surgieron cada uno en ambientes de intensa mezcla multilingüe en el Londres o la Castilla de la Edad Media, es posible que de las mezclas actuales como el spanglish o espanglés surja alguna lengua que alcance en el próximo milenio tanta aceptación como los anteriores.

Por otra parte toda lengua se transforma en otra lengua, despacio pero seguro. Ninguna lengua es eterna o pura ni lo será nunca. El contacto multilingüe, la hibridez y el mestizaje son los generadores principales del cambio lingüístico en nuestra era global. Según muchos lingüistas las variedades del español más vivas y dinámicas del español son los dialectos caribeños de Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, precisamente por su apertura al mestizaje y a la creatividad popular. Todos hablamos algún dialecto, nadie habla la inexistente lengua en sí. Además ningún dialecto, ni siquiera el dialecto "culto" es intrínsecamente superior a otro. Hace siglos los que hablamos español en Puerto Rico y otros países de América no tenemos por qué seguir el modelo de España. Las llamadas "cunas" de las lenguas colonizadoras ya son irrelevantes. Las formas ingobernables del habla popular son más inventivas que la estreñida jerga de muchos académicos hispanófilos.

La globalización vivida como multiplicidad, no como uniformidad, nos brinda una apertura a la apropiación lingüística libertaria, sin imposiciones del estado ni de las academias de la lengua, las cuales no pasan de ser reliquias aristocráticas del pasado feudal europeo. Los pueblos caribeños mestizos nos alimentamos de la hibridez en todos sus sentidos, ella nunca nos ha hecho daño. Si queremos la diferencia en la cual estamos seguros de que proliferará el español mientras queramos hablarlo, debemos asumir nuestro deseo de diferencia como la fuerza democrática misma que neutralizará todo intento de imposición lingüística. No necesitamos internarnos en una reservación monolingüe para afirmar el español. El español no requiere reductos o ghettos monolingües para prosperar; más bien precisa políticas democráticas de la lengua en un mundo multilingüe en plena hibridización. Así nuestra lengua continuará su curso libre de transformación y nosotros nos transformaremos con ella de modo abierto y creativo en esta sociedad global.
IDENTIDAD, IMAGEN Y ALDEA GLOBAL.

Suponíamos que la identidad colectiva pasaba y pasó por muchos años por quienes nos rodeaban, nuestros amigos, familiares, vecinos, los que estaban al lado nuestro; Pero ¿el caso de los chat, comunidades virtuales, fans club, etc. nos son colectivos también, gente que se reúne en un espacio y tiempo virtual, que crean lazos de identidad?. Este suceso es parte de la globalización proceso que en los últimos años, potenciado por los tratados internacionales y medios masivos de comunicación, viene formando modos de percibir y expresar el mundo de forma diferente.

Tantos los medios y como los tratados nos han conducido a una comunicación instantánea, que crea comunicades virtuales, pero que también producen una sobreproducción de datos, información no estructurados, que no necesariamente es convertida en conocimiento, información estructurada coherentemente. Toda la gran gama de datos puede ser analizada desde dos perspectivas: producción de datos y consumo de datos.
- El primero, sobre todo, en manos de los que poseen recursos para producir grandes cantidades de información y por lo tanto consumir su propia información, apropiación y expresión de su propia identidad.
- El segundo en manos de los con menos poder y recursos económicos para poder producir su propia información, por lo tanto consumen lo que se le ofrece; Se apropian de otras expresiones.

Una de las grandes producciones y consumos de datos esta relacionada con la imagen, toda las videoculturas, expresiones masivas de imagen, poseen como soporte la imagen virtual (el lector la ve a través de algún medio), que crea la verosimilitud. Ejemplos de las videoculturas de fin de siglo son: animación, publicidad, pornografía, videoclip, videojuegos, telenovelas y cine comercial; que se relacionan y se retroalimentan, llevándonos a una homogeneidad de la imagen: estereotipos con mayor estatus que los de la periferia, que los con menor difusión comercial.

¿Desde este fenómeno? Puedes analizar y caracterizar la siguiente expresione artística:

NADA PERSONAL

Comunicación sin emoción
Una voz en off con expresión
Busco algo que me saque este mareo
Busco calor en esa imagen de video
Nada, nada, nada personal

Ella no puede pensar, está dormida
De tanto disimular cayó tendida
Busco en TV algún mensaje entre líneas
Busco alguien que sacuda mi cabeza
Y no encuentro nada, nada personal
Nada personal, nada especial.

Sinceramente sería tan bueno tocarte
Pero es inútil, tu cuerpo es de látex
Nos siento nada, nada personal
Nada, personal, nada especial



¿Podrías proponer resguardos de para la identidad visual?
Mis queridas alumnas humanistas bienvenidas a nuestro nuevo recurso estudiantil.
Esta herramienta nos permitirá estar conectadas y avanzar de una manera más fácil y rápida en nuestras tareas.
Por favor hagan sus aportes de manera responsable.
Nos vemos en clases, un abarzo fraterno
Cathy